[Columna] La inolvidable revista Mampato en los aciagos tiempos de 1973

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[Columna] La inolvidable revista Mampato en los aciagos tiempos de 1973

Por Víctor Osorio
periodista y director ejecutivo de la Fundación Progresa

La revista “Mampato” marcó a las generaciones que pudieron conocerla durante el agitado período de la historia del país en que circuló, desde el tiempo en que todos los vientos de la historia parecían apuntar a un cambio profundo del modo de producir la vida hasta el golpe de Estado y el inicio del ciclo de la dictadura. Su primer número apareció el miércoles 30 de octubre de 1968 y se publicó hasta el 25 de enero de 1978, llegando a un total de 418 ediciones. Como se sabe, fue una creación del arquitecto Eduardo Armstrong.

Su personaje homónimo ha sido, además, apropiado por las generaciones posteriores y más recientes a partir de las numerosas y diversas reediciones de sus sagas, además de una película de animación “Ogú y Mampato en Rapa Nui” (2002) y una serie de televisión “Las Aventuras de Ogú, Mampato y Rena” (2018). El personaje fue una brillante obra de Armstrong y del dibujante Oscar Vega (Oskar), para después ser desarrollado por Themo Lobos.

El primer ejemplar que llegó a mis manos fue el N° 143 del 11 de octubre de 1972. Me lo compró mi madre en un almacén de nuestro barrio en Maipú. Fue alucinante leer la historia de Mampato y Ogú luchando por la libertad en los tiempos de la Independencia; descubrir a Bernard Prince; saber de la existencia de Leningrado, “la segunda ciudad más importante de la Unión Soviética”, y leer la letra de la canción “Los Gorrioncitos” de Charo Cofré.

En ese contexto, ha provocado cierta polémica en las redes sociales, en grupos dedicados a rememorar la revista, el modo en que salió a los quioscos después del golpe de Estado: con un homenaje al Ejército de Chile. A este respecto, un usuario comentó: “Que malos recuerdos con una buena revista”. Más adelante detalló: “Recuerdo haber leído ese número mientras en mi casa todos estaban angustiados tratando de averiguar qué había pasado con tíos y amigos que no daban señales de vida, y en vez de hacer un especial de costumbres chilenas hicieron un homenaje al ejército que recién había tomado el poder por la fuerza”.

Otra persona escribió lo siguiente: “La gente se queda pegada en temas ideológicos. No saben diferenciar y menos disfrutar algo que nos apasionó cuando niños. De todos lados se cometieron excesos. Y este no es un grupo político. Es el grupo de Mampato”. Luego, siguió con su “reflexión”, señalando: “La política o sus ideologías son basura y quienes las profesan también. Este es un grupo de cómics chilenos (…) Por favor, déjenos disfrutar de este grupo y sus comentarios déjelos para usted”.

Para que podamos disfrutar de ese capítulo de la historia de una revista que apasionó a los niños de esa época, reconstruimos lo que ocurrió con “Mampato” en aquellos días aciagos, basados solamente en la constatación de los hechos.

En efecto, en la edición N° 191, fechada el 12 de septiembre de 1973, con Armstrong aún como director, se manifestaba en el Editorial: “Este número de Fiestas Patrias lo hemos dedicado con cariño, respeto y admiración al Ejército de Chile. No faltarán los malpensados que dirán que somos ‘sediciosos’ o ‘pateros’, debido a que en estos días el Ejército juega un papel importantísimo en el equilibrio del país. Pero no es el caso”.

Agregaba que “mucho se comenta, a favor o en contra, de nuestros militares tratándose de política, pero ese aspecto jamás lo tocamos (el énfasis es nuestro). En cambio, nadie puede negar que el papel que les corresponde (el énfasis es del original) lo han sabido asumir gloriosamente a través de nuestra historia (…) Insistimos, pues, en brindarles un sencillo pero justo homenaje en estas páginas de una revista que trata de ser un pequeño oasis entre tantos problemas y politiquería” (página 3).

Y entre las páginas 17 y 25 aparecía un trabajo titulado “El Ejército que luchó por nuestra Independencia”, firmado por Ismael Espinosa, “con la colaboración especial del coronel (r) don Edgardo Andrade Marchant”. Luego, en las páginas centrales (27 a 30), en papel grueso, aparecía un reportaje gráfico sobre “cien años de uniformes de nuestro ejército”. En la sección “Aquí cantamos todos” (página 44), aparecía la letra y los acordes del himno “Los Viejos Estandartes”. Entre las páginas 49 a 52 aparecía un reportaje sobre el Servicio Militar, que se titulaba “Un deber hacia Chile”. En la sección “Nuestra Página” (55), un dibujo sobre los militares que había sido enviado por Rodrigo Merino, alumno del Liceo Alemán de Los Ángeles. Y en la contraportada, una gráfica sobre los “grados del Ejército”.

En verdad, la edición N° 191 entró en circulación con posterioridad al 12 de septiembre, y fue preparada a inicios de agosto. La referencia al “papel que corresponde” al Ejército más bien parece una alusión a su rol constitucional, el mismo que defendía su comandante en jefe, general Carlos Prats González, en los mismos días que se preparaba la edición.

De hecho, en la edición N° 193 del 3 de octubre de 1973, el Editorial explicaba: “Queridos lectores: en esta misma columna, en el número 191 de Mampato, dedicábamos la edición de Fiestas Patrias al Ejército de Chile. Este ejemplar iba a salir a la venta el 12 de septiembre, pero su aparición fue postergada por los acontecimientos ocurridos a partir del día anterior (se había terminado de imprimir tres días antes) y porque tuvo que pasar, como todas las revistas, por la Comisión de Censura de Prensa. Bien, a algunos lectores les ha extrañado que en un lapso tan pequeño ‘hayamos podido preparar una edición al nuevo gobierno’, lo que no es efectivo (el énfasis es nuestro). El material, tanto texto como ilustraciones, se entrega a la planta impresora con cuarenta días de anticipación a la fecha de aparición, y los procesos de fotografía, tipografía, montaje e impresión son bastante complicados y largos. Por lo tanto, preparar una edición en una semana y estando todo paralizado era imposible, y que el director estuviera al tanto de lo que iba a ocurrir era más imposible todavía. Esta aclaración tiene como objeto dejar en claro que no pretendíamos aprovechar la ocasión para adular a las Fuerzas Armadas, porque jamás usaremos esos medios. Estamos seguros que el nuevo gobierno apreciará nuestro interés patriótico, limpio e invariable a través de tres gobiernos totalmente diferentes” (página 3).

La referencia a la conducta patriótica, limpia e invariable, entre otras cosas se refiere a la forma amable en que se abordaron los hechos protagonizados por el Gobierno de Salvador Allende, sobre todo en un lapso en que existió en la revista una sección sobre el acontecer noticioso. Así, por ejemplo, informó sobre la visita a Chile de Fidel Castro destacando las “calurosas y afectuosas de aprecio” que recibió (N° 97, 24 de noviembre de 1971).

Ello, no obstante que es evidente –para los que conocieron la revista en su contexto– que “Mampato” no tenía una orientación política explícita. De hecho, en el mismo equipo que producía “Mampato” había diversidad de pensamiento político y también de posiciones frente al Gobierno de Salvador Allende (N° 175, 23 de mayo de 1973). Ello la diferenciaba –por ejemplo– de la revista “Cabrochico” de la Editorial Quimantú, una publicación infantil de gran calidad y que tenía una perspectiva comprometida con el proyecto de cambio social que impulsaba la Unidad Popular.

Eduardo Armstrong falleció poco después del golpe de Estado: el 7 de noviembre de 1973. El lamentable hecho fue informado por la revista el N° 199 del día 14 de ese mes. La dirección fue asumida por Isabel Allende Llona. Es la misma escritora que recibió el Premio Nacional de Literatura en 2010, con obras de tanta trascendencia como “La Casa de los Espíritus”, “De Amor y de Sombra” (las que además fueron adaptadas al cine), “Eva Luna”, “Paula” o “Mi País Inventado”. La venta total de sus libros alcanza 72 millones de ejemplares y sus obras han sido traducidas a 42 idiomas. Es la escritora viva más leída de la lengua española.

Isabel Allende era hija del diplomático Tomás Allende, primo hermano de Salvador Allende, y de Francisca Llona. Sus padres se separaron y en 1953 su madre contrajo matrimonio con el diplomático Ramón Huidobro, designado Embajador en la Argentina por el Mandatario socialista luego del triunfo de la Unidad Popular. Con el Presidente Allende mantenía una relación de estrecha amistad desde fines de los 30. De hecho, Huidobro fue unas de las personas a las que Allende llamó desde La Moneda la mañana del 11 de septiembre de 1973. El líder socialista también distinguió con su afecto a la madre de la hoy escritora.

Huidobro renunció al cargo el mismo día del golpe de Estado, y luego mantuvo una cercana relación con Carlos Prats, ex comandante en jefe del Ejército, desterrado en Argentina y asesinado por la DINA junto a su esposa Sofía Cuthbert a fines de septiembre del siguiente año, un poco después de haber terminado de cenar con el matrimonio Huidobro–Llona. Esa misma noche, llamaron a Isabel Allende para contarle lo ocurrido y pedirle que informara a las hijas de Prats. Más tarde le contaron que, con Huidobro amenazado de muerte, habían tomado la decisión de partir a Estados Unidos, con la ayuda de Gabriel Valdés. A la semana siguiente partieron hacia el norte y luego de un tiempo se radicaron en Venezuela, donde se reencontraron con Isabel.

En el N° 201 del 28 de noviembre de 1973 se presentó un homenaje al creador. Reproducía las palabras de Armstrong cuando se le preguntó que quería decir a través de las páginas de la revista: “Quiero llegar a todos los niños del mundo y ojalá del mundo. Quiero que MAMPATO sea una llave que les abra todas las puertas del conocimiento, la cultura, el saber. Pero, sobre todo, quiero darles aquellos valores que en el mundo de hoy se están perdiendo: la amistad, la solidaridad, la generosidad, la lealtad, la rectitud moral, el patriotismo, el amor por todas las cosas del mundo y en especial por todos los hombres”.

En el período que Allende estuvo al frente de la revista intentó preservar la orientación y el estilo de la revista en el tiempo de Armstrong. También publicó contenidos que, aunque sutiles, eran evidentes en su enfoque disidente de lo que ocurría en el país. Reproducimos algunos, para que todos puedan disfrutarlos.

En el N° 205 del 26 de diciembre de 1973, apareció un reportaje, reforzado con un editorial, sobre Teilhard de Chardin, un sacerdote jesuita, cuya obra es considerada una de las influencias de la Teología de la Liberación y que, por su postura frente a la ciencia, fue acusado en 1958 y 1962 por el “Santo Oficio”, denominación moderna de la inquisición.

En esa misma edición, en la sección “Aquí cantamos” aparecían los acordes y la letra de la canción “Yo Tengo Fe”, que ese año había escrito el argentino Palito Ortega en homenaje a la marea revolucionaria que vivía su país en el marco del retorno de Perón. El tema cantaba: “Yo tengo fe que todo cambiará (…) Yo tengo fe que siempre brillará la luz de la esperanza, que no se apagará jamás. Yo tengo fe (…) porque yo sé que será una realidad el mundo de justicia que ya empieza a despertar”….

En el N° 206 del 2 de enero de 1974, aparecía en las páginas 36 y 37 el cuento “El Forastero” del sacerdote Esteban Gumucio. El religioso era uno de los más destacados partidarios de la Teología de la Liberación y del compromiso cristiano con el cambio radical de la sociedad. Era además hermano de Rafael Agustín Gumucio, un respetado político que había sido uno de los fundadores de la Izquierda Cristiana y presidente de la Unidad Popular como coalición política. Son, además, el tío abuelo y el abuelo de Marco Enríquez–Ominami Gumucio. Hoy el padre Esteban se encuentra en proceso de beatificación y canonización.

Este trabajo, así como uno posterior publicado también en “Mampato”, fueron ilustrados por Agustín Mas Layi, y también son para disfrutarlos.

El cuento comenzaba: “Había una vez una pequeña ciudad, donde los habitantes, ya desde siglos, habían olvidado lo que era el amor”. Hasta que llegaba un forastero que les muestra a los niños un camino de justicia y construcción de una nueva ciudad. “El viajero se había ido, me parece. Sin embargo, los niños sabían que vivía en cada paso de los que querían amar. Él les hablaba en cada gesto de amor. Los niños decían que lo veían siempre, en cada vaso de agua, en la ropa de los recién nacidos, lo veían hecho pan, trabajo, ternura, alegría, amistad… Los ciudadanos serios preguntaban muchas cosas acerca de la ciudad nueva, porque no la veían con sus telescopios ni con sus microscopios. Para verla, decían los niños, es necesario simplemente abrir los ojos (…) Se reían los niños. Comprendían que el amor era la ciudad y que siempre habría que construirla y reconstruirla, porque no estaba hecha de una vez para siempre. Los mayores les ofrecían bloques prefabricados; pero los niños reían, decían que no, que no podía ser, pues todo era como carpa de peregrino para estar listo cuando regresara el Gran Viajero a colmarlo todo con un amor insospechado, regalado, no merecido, sin lágrimas ni oscuridades, sin leyes, sin ilusiones ni desengaños, sin más esperas, sin más insatisfacciones”.

En el N° 215 del 6 de marzo de 1974, apareció un nuevo cuento de Esteban Gumucio. Se llamaba “Cabecitas de fuego”. Es la historia de tres fósforos vivientes. Comenzaba con un diálogo entre ellos sobre la necesidad de lograr la libertad. Inician un plan y uno de ellos vacila. “Hay que arriesgarse si quieres ser libre”, le reprende uno de los hermanos. Dos de ellos continúan adelante: “¡Vamos!… ¡Viva la libertad!”. Ya libres, observan que les han brotado piernas y brazos. Sostienen el siguiente intercambio: “¿No te parece, hermano, que para algo grande estamos hechos?” / “Claro, y para algo nos han brotado piernas y brazos” / “Y por algo llevamos una cabeza llena de fuego”. Así, “se quedaron largo rato en silencio pensando, imaginando grandes cosas que tendrían que hacer, ahora que conocían el rostro de la libertad”. Finalmente se sacrifican por el prójimo.

“Segundo y Fosforito murieron felices de haber hecho grandes cosas en servicio de los demás; en cambio, el Primero, que no quiso conquistar la libertad, fue a parar al tarro de la basura, junto con una cáscara de cebolla y otros desperdicios”, remata el texto.

En el N° 226 del 22 de mayo de 1974, apareció en la portada de “Mampato” una imagen con cuatro gorilas, en un dibujo sin firma, pero que por estilo no había duda que era obra de Oscar Vega. Aparecía además un título destacado: “Memorias de un Gorila”. Se refería a un cuento, entre las páginas 38 a la 41, titulado de esa forma y escrito por Agustín Vivar.

En su libro “Paula” (1994) Isabel Allende contó que el régimen militar no dudó en considerarlo una alusión a los cuatro miembros de la Junta de Gobierno. A la larga, habría sido el detonante de su salida de la dirección de la revista y de su partida al destierro, rumbo a Venezuela. Lo incuestionable es que unos meses después de aquella portada Isabel Allende efectivamente salió de la dirección de “Mampato”.

Mauricio García, en un texto publicado en el portal digital del “Museo de la Historieta de Chile”, dice que Allende “según Oskar, pretendió cambiar el estilo de la revista y acabar con ‘Mampato’, creando un personaje femenino, ya que era una feminista feroz. Oskar se negó, por respeto a la memoria de Eduardo Armstrong. La salida de la directora habría sido por este cambio de estilo y no, como ella cuenta, por una portada de cuatro gorilas. Entra como director Vittorio Di Girolamo, en diciembre de 1974, con lo que se recupera el espíritu de Armstrong”.

Ismael Espinoza era parte del equipo de “Mampato” y fue el autor del texto central con el homenaje al Ejército en la edición del 12 de septiembre de 1973. Su experiencia en la revista la recogió en su libro “¡De Arriba Vengo P’Abajo Voy!” (2000). En el texto no oculta su apoyo al golpe de Estado y desestima que la portada de los gorilas haya influido en la salida de Isabel Allende, la que atribuye a conflictos con Roberto Edwards, dueño de la Editorial Lord Cochrane, la que era propietaria de la revista, y hermano de Agustín, el dueño de “El Mercurio”.  Ambos habían permanecido fuera de Chile durante el período del Gobierno de Salvador Allende.

Espinoza no dice ni una sola palabra sobre un (supuesto) conflicto generado por las ideas feministas de Isabel Allende. Respecto de la conducción de Vittorio Di Girolamo asevera que se trataba de un “individuo teatral y megalómano quien, por distinguirse, cambió el aspecto esencial de la portada creada por Armstrong, que era su verdadero símbolo o logotipo. Así le quitó a ‘Mampato’ su carta de presentación, desgraciándolo gratuitamente”. Más aún, sostiene que, a partir de las nuevas orientaciones, la revista habría iniciado su proceso de declive en las preferencias del público.

Félix Vega, hijo de Oskar y también un brillante ilustrador, señaló a “La Tercera” en octubre de 2018 que los uniformados que controlaban el país “ya habían llamado a Isabel Allende en 1974 por una portada que hizo mi papá en donde salían cuatro gorilas y que no tenía nada que ver con la Junta Militar, pero ellos creían que sí. Después con la historia del piloto loco a Themo Lobos se la cortan porque se burlaba de los militares”.

El N° 253 del 27 de noviembre de 1974, apareció Sergio Araos Bruna como director, cargo que mantuvo en los siguientes dos números. Era hombre de confianza de Edwards y hasta ese momento había ejercido como representante legal. En el N° 256 del 18 de diciembre de 1974 asumió como director Vittorio Di Girolamo, anunciando una nueva etapa. De hecho, cualquiera que revise las ediciones a su cargo podrá constatar que no recuperó “el espíritu de Armstrong”, sino que le imprimió una nueva orientación estética y de contenido.

Era un hombre con ideas radicales de derecha. De hecho, poco tiempo después, a mediados de 1976, apareció como uno de los colaboradores de la revista “Avanzada”, de la que derivó Avanzada Nacional, partido controlado por Álvaro Corbalán, jefe de operaciones de la CNI.

Es completamente verosímil que Isabel Allende saliera de la conducción de “Mampato” por problemas políticos: por su pensamiento y su entorno familiar, por el impacto que tuvo en su familia el asesinato de Carlos Prats (que ocurrió sólo dos meses antes de su salida de la dirección de “Mampato”) y por la audacia que mostró en diversas publicaciones de la revista (que, por cierto, deben haber tensionado la relación con los dueños). Aparte de las ya citadas, mencionemos otras, para que todos sigamos disfrutando.

En el N° 232 del 3 de julio de 1974, “Mampato” se sumó a una de las iniciativas de la Iglesia Católica, bajo la conducción del Cardenal Raúl Silva Henríquez, para la defensa de los derechos humanos. Era el llamado a un concurso de pintura infantil con motivo del “Año Santo Chileno” y su lema era “Chile país de hermanos”. En ese contexto, aparecía un texto del Secretario de la Conferencia Episcopal, el obispo Carlos Camus, quien –como se recordará– fue uno de los prelados que enfrentó abiertamente a la dictadura. “Queremos que Dios esté más presente en Chile”, señalaba el mensaje publicado en la revista.

El contenido volvió a aparecer en el N° 233 del 10 de julio de 1974; en el N° 235 del 24 de julio de 1974; y en el N° 237 del 7 de agosto de 1974.

A propósito de dos crónicas publicadas en el N° 240 del 28 de septiembre de 1974, en el editorial se escribió: “En este número te presentamos dos personajes que calzan como guantes al espíritu de MAMPATO: Leonardo da Vinci y Pablo Picasso. Estos dos hombres, que vivieron en épocas muy diferentes, tuvieron el alma abierta a la maravillosa aventura del mundo y la humanidad. Los dos fueron artistas múltiples, llenos de imaginación y de fantasía, de sentido creador, de audacia, de rebeldía contra la mediocridad y las limitaciones del medio, de tolerancia y deseo de justicia”.

En el N° 248 del 23 de octubre de 1974, apareció un editorial que señalaba: “Mampato trata de llegar a todos los niños de Chile, y el próximo año queremos ir también a toda América Latina. Pero hay miles de niños a quienes no llegamos actualmente porque están al margen de la cultura, del progreso y hasta de la civilización. Son niños que no tienen prácticamente nada que comer, que no van a la escuela, muchos de ellos no tienen techo y ni siquiera cuentan con el amor de sus padres. Esos niños son iguales a ti en todo, pero no tienen las oportunidades que tú recibes. Tú, que tienes lo que a otros les falta, tienen también una gran responsabilidad. Debes prepararte ahora estudiando y adquiriendo conciencia de lo que te rodea, porque durante toda tu vida tendrás que luchar por un mundo mejor donde haya justas oportunidades para todos”.

Un par de antecedentes adicionales. En el momento del golpe de Estado, la revista estaba publicando la saga de Mampato “La Amenaza Amarilla”, obra de Themo Lobos, cuyo primer capítulo había aparecido en el N° 172 del 2 de mayo de 1973 y que se extendió hasta el N° 196 del 24 de octubre de ese año, cuando la publicación cumplía cinco años de existencia. La saga también es conocida como “El árbol gigante” y “La rebelión de los mutantes”. Era el relato de la rebelión de un conjunto de pueblos mutantes contra la dictadura de un tirano militarizado llamado Ferjus, en que se muestra la práctica de la detención arbitraria y la tortura, así como la existencia de unos mutantes colaboradores, los Hombres Rata, que se dedican a espiar a los mutantes subyugados.

Themo Lobos recordó en entrevista con “The Clinic” en 2011 que un agente de seguridad de la dictadura lo interrumpió en una charla que daba en la UTE a mediados de los 70 para preguntarle: “¿Qué implicancias políticas hay en su historieta ‘El árbol gigante y la rebelión de los mutantes’?”. Themo le respondió: “Los mutantes unidos jamás serán vencidos”. Y le recalcó además que “cualquiera que sea, usted mismo incluso, el que se atreva o diga que mis historietas tienen implicancias políticas, esa persona tiene toda la razón”.

En la misma entrevista comentó que tuvo problemas con la siguiente saga, sobre un “piloto loco”, pues en la dictadura se habría considerado que era una mofa contra los militares. Comenzó a ser publicada en el N° 250 del 6 de noviembre de 1974, aún con la dirección de Isabel Allende y se interrumpió inexplicablemente en el N° 257 del 23 de diciembre de ese año, con Vittorio de Girolamo recién asumido como director.

La saga se reanudó en el N° 262 del 29 de enero de 1975: en el editorial se aseguró que la suspensión fue resultado de “razones técnicas”…

En la entrevista con “The Clinic”, le preguntaron a Themo Lobos si Mampato tenía posición política. Respondió: “Mampato siempre fue de izquierda, igual que yo”.

Fuente: Crónica Digital